Comercio tradicional, ¿lucha por la supervivencia?

El comercio tradicional tiene que luchar a diario con un serio competidor: el e-commerce o comercio electrónico, cuyo volumen ha aumentado exponencialmente en los últimos años, gracias al desarrollo tecnológico. Los dispositivos móviles y el acceso a internet hacen que cualquier persona, desde cualquier parte y en cualquier momento pueda realizar una compra.

comercio tradicional

Créditos fotográficos: istock stefanolunardi

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Desaparecen los horarios y las barreras geográficas: se desvanecen las limitaciones en detrimento del comercio tradicional y su rigidez. Y es que, entre las principales ventajas del comercio electrónico se encuentran, además del poder comprar 24 horas al día, 7 días a la semana desde cualquier lugar del mundo, las siguientes:

  • El acceso a un mayor abanico de productos y servicios: no sólo se puede acceder a muchos más artículos y de mayor variedad, sino que también es posible entrar en contacto con muchos más proveedores.
  • Los precios reducidos: a tener la posibilidad de comparar entre más ofertas, es más fácil adquirir el mismo bien por un valor muy inferior.
  • Ausencia de intermediarios: otro beneficio del e-commerce frente al comercio tradicional es que los intermediarios desaparecen. Las transacciones ponen en contacto al fabricante con el consumidor final.

 

El comercio tradicional ofrece resistencia: donde la tienda de toda la vida gana la partida

No obstante, todavía existen algunos campos donde el comercio tradicional supera a su rival. Las áreas donde residen las principales debilidades del e-commerce tienen que ver con:

  • La necesidad de conexión a internet, requisito indispensable.
  • Las cuestiones relativas a la seguridad, al realizarse la transacción enteramente online, con todo lo que ellos conlleva al tener que facilitar datos bancarios y de carácter personal para poder concluir el proceso de compra).
  • La intangibilidad del producto, porque, al fin y al cabo, mientras que en el comercio tradicional se pueden ver y tocar los artículos, es posible tenerlos en la mano antes de tomar la decisión de adquirirlos o no; en el comercio electrónico este momento de proximidad con el bien no se producirá hasta que se haga efectiva su entrega a domicilio, tiempo después de haber formalizado el pago.
  • La falta de inmediatez, ya que en un proceso de compra tradicional, el consumidor abandona el establecimiento con el artículo que ha elegido en la mano; algo impensable y físicamente imposible en una operación en línea, donde, tras recibir la orden del pedido, hay que gestionar todo el proceso de envío que, como mínimo, tomará uno o dos días hasta llegar al cliente.

Por último, hay que mencionar el aspecto humano. En el comercio tradicional se produce un trato directo con el cliente. Los vendedores y su clientela tienen una relación de tú a tú, con muchas connotaciones y mayores posibilidades de crear un vínculo que se puede fortalecer con el tiempo, con cada compra o cada encuentro, algo imposible en el e-commerce.

Ambas modalidades coexistirán inevitablemente, ya que las carencias de una quedan compensadas por la otra y las dos continúan siendo escogidas indistintamente por usuarios y consumidores. Quienes optan por las compras online lo hacen para evitar colas al pagar y para no tener que buscar aparcamiento, mientras que los usuarios del comercio tradicional buscan un trato más cercano y la seguridad de una transacción que no sea virtual.

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