Podemos definir la estrategia de operaciones como un plan a largo plazo en el que se enmarcan las acciones a realizar, necesarias para alcanzar los objetivos fijados. Se basa en el uso adecuado de los recursos de la empresa, requiere de un análisis del entorno y del mercado, y su cometido es el de mejorar la competitividad de la compañía.

El objetivo principal de la estrategia de operaciones es el de encontrar una ventaja competitiva sostenible para la empresa. Las acciones contempladas en el plan estratégico se dirigen a generar valor a través del proceso productivo de bienes o servicios para aumentar la calidad, la productividad, la satisfacción del cliente y rebajar los costes.

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A continuación y con el fin de comprender mejor el concepto de estrategia operativa, en primer lugar definiremos a qué se refiere y qué incluye el vocablo “estrategia” para, después, explicar qué son y en qué consisten los procesos operacionales.

Este post trata sobre la estrategia de operaciones y su papel como elemento clave para el éxito de la empresa. Si quieres saber mucho más sobre este tema, descarga nuestra guía gratuita Aspectos clave de la Estrategia de Operaciones:

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Definiendo la estrategia de operaciones

El término “estrategia” se refiere siempre a un proceso a largo plazo que se enfoca en fomentar la adaptación de los recursos de la organización a los cambios constantes del entorno para mantener o incrementar su competitividad. Se compone de un plan de acción o táctico que permita ir logrando unos objetivos determinados y permanentes, cuantitativos, específicos y medibles, en un contexto de circunstancias variable. Las capacidades operativas se perciben como un abanico de recursos disponible que se adaptan a los requerimientos variables de los productos ofrecidos en el mercado y a las necesidades cambiantes de los clientes o consumidores.

En cambio, las operaciones se definen como aquellas acciones que permiten transformar unas entradas (materias primas, información o mano de obra, por poner algunos ejemplos) en productos acabados con un valor añadido y que responden a una demanda del mercado. Se trata de actividades relacionadas y secuenciadas que siguen un proceso como, por ejemplo, la fabricación, embalaje y control de calidad cuando se trata de un producto; o la facturación, embarque y vuelo en un servicio de transporte aéreo. Por eso, en las empresas industriales, las operaciones se refieren tradicionalmente a las actividades de manufactura. En las compañías de servicios, las operaciones implican a prácticamente todas las áreas de la empresa porque el concepto de servicio es más abstracto y no se refiere a un producto físico concreto. Sin embargo, en la actualidad, esta distinción clásica se diluye. Las empresas industriales deben ser igual de hábiles a la hora de cuidar la calidad tangible de su producto como la de los servicios que éste lleva asociados.

¿Y cómo se elabora?

La estrategia de operaciones se construye de manera personalizada para cada empresa, en función de sus características intrínsecas, recursos, sector, mercado y otras variables singulares. Es la herramienta que permite definir la ventaja competitiva de la organización en cuestión. Sin embargo, como el entorno económico, político y social son factores que influyen en la elaboración de la estrategia, es posible que en una época determinada las organizaciones se orienten hacia estrategias que contengan elementos coincidentes entre sí. Por ejemplo, tras la Segunda Guerra Mundial, las compañías estadounidenses se enfocaron en estrategias de producción masiva de productos estandarizados para cubrir una gran demanda insatisfecha. Y Japón, con la intención de abrir nuevos mercados fuera de sus fronteras, se alineó para producir artículos de calidad a un menor coste.

Corresponde a la dirección de operaciones definir la estrategia de operaciones, una estrategia funcional que plantea y desarrolla objetivos para el área de operaciones, pero que, necesariamente, debe estar alineada con la estrategia general de la compañía. Su plan de acción y objetivos deben reforzar la estrategia corporativa y complementarse de forma coherente con los del resto de áreas funcionales, como marketing, recursos humanos o finanzas. Y este modelo es igualmente válido para empresas manufactureras como para compañías de servicios.

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