No hay reglas fijas sobre cómo debe llevarse a cabo una evaluación de riesgos laborales, aunque hay algunos principios generales que deben seguirse:

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Créditos fotográficos: istock goir

 

– Identificar los riesgos.

– Determinar quiénes y cómo podrían verse afectados.

– Evaluar los riesgos y decidir sobre las medidas de control.

– Revisar la evaluación y actualizarla.

– Determinar las acciones a tomar y comunicarlas a los responsables.

Este esquema general debe complementarse con el conocimiento legal oportuno, que es el que se obtiene al contrastar la información de fuentes como la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, el Reglamento de los Servicios de Prevención o la Normativa Comunitaria aplicable. También resulta interesante acceder a la web del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, donde puede encontrarse información práctica en diversos formatos.

Toda preparación es poca para hacer una buena evaluación de riesgos laborales ya que, a la hora de la verdad, los mejores resultados se consiguen de la combinación de tres factores:

– Experiencia.

– Atención al detalle en el momento de la evaluación visual.

– Escucha activa.

 

Evaluación de riesgos laborales: objetivo cero fallos

Una vez que se asume la responsabilidad de ocuparse de la evaluación de riesgos laborales de la empresa, hay que tener en cuenta que se ha establecido un importante compromiso con la seguridad y salud de todos los trabajadores.

Sólo las personas designadas y con competencia para llevar a cabo una evaluación de este tipo pueden hacerla, la formación es imprescindible, como aconsejables los tres factores mencionados previamente. Aún así, muchas veces se cometen errores que podrían haberse evitado. los más frecuentes son:

  • Pasar por alto un área de trabajo, un puesto o una parte de las instalaciones: ya se produzca este error por desconocimiento o por la convicción de que la ausencia de riesgos está garantizada, las consecuencias pueden ser graves. Nunca se debe obviar un escenario, ya que toda la empresa está expuesta al riesgo.
  • Prescindir de la inspección ocular: una evaluación de riesgos laborales de calidad tiene lugar in situ, no virtualmente ni en base a la información compartida en un documento. Una vez en el lugar donde el trabajo se puede llevar a cabo se pueden percibir muchos detalles que quedarían ocultos de cualquier otra manera.
  • No sólo observar: además de la inspección ocular, es recomendable asegurarse de que se entienden las funciones de cada puesto de trabajo a evaluar y las actividades que se desarrollan en cada lugar. Limitarse a mirar lo que sucede puede dar una falsa sensación de seguridad y alejar al responsable de la evaluación de riesgos laborales de lograr una comprensión realista de los trabajos. Hace falta preguntar siempre que sea necesario. Cuestionar las frecuencias de repetición, los tiempos de carga, los pesos, los materiales, los desplazamientos, los equipos y herramientas puede ayudar a detectar un riesgo que, de esta forma, se podrá evitar.
  • Olvidarse de los trabajadores especialmente sensibles o en circunstancias especiales: no todos los trabajadores son iguales, pero muchas veces desempeñan las mismas funciones. Lo que para uno puede ser adecuado (por ejemplo, levantar un peso de 20 Kg) igual no lo es para otro por sus características personales, y esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de evaluar el nivel de riesgo.

 

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