La gestión integral de la cadena de suministro se suele entender como la opción más eficiente a la hora de administrar los diferentes componentes el supply chain. Sin embargo, pese a que esta visión única tiene mucho de positivo, existen algunas excepciones en las que conviene más buscar otras alternativas.

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Créditos fotográficos: Stuart Miles

Gestión integral y logística global: qué sucede con los mercados emergentes

A día de hoy, la expansión de los mercados hace que muchas empresas de economías emergentes participen activamente en las cadenas de suministro y, a pesar de los beneficios que su aportación conlleva, en términos estratégicos y de rentabilidad, su gestión implica un desafío para el supply chain.

Los retos tienen que ver con:

  • La política cambiante.
  • La inestabilidad de la situación económica.
  • La falta de infraestructura básica.
  • La limitada aplicación de las tecnologías de gestión de la empresa.

Estas barreras impiden que muchas iniciativas logísticas proliferen y, sin embargo, quienes consiguen superar estas limitaciones se encuentran con que, en el día a día, les resulta muy complicado adaptar sus estrategias de administración al trabajo en estos entornos, en particular en los que respecta a la gestión integral.

 

De la gestión integral a la gestión adaptativa

Prescindir de la gestión integral de la cadena de suministro es privarse de una visibilidad imprescindible para poder llevar a cabo una toma de decisiones ágil y bien informada. Aunque, en los entornos de economías emergentes, resulta más conveniente encontrar la manera de hacer frente a la realidad, dejando a un lado los planteamientos teóricos y centrándose en las opciones más prácticas.

Pero ¿qué estrategias alternativas pueden adoptarse para lograr el foco necesario y tener éxito en estos mercados?

La globalización dificulta la integración. Está claro que la gestión integral a nivel nacional es más sencilla que la que se puede llevar a cabo cuando la cadena se expande a otros países, con distintos horarios, divisas diferentes, costumbres y culturas menos conocidas y formas de trabajar que nada tienen que ver con las que se está acostumbrado. Pero lidiar con estas circunstancias es la única manera de aprovechar el potencial de estas ubicaciones. Y no es fácil, porque, como suele ser el caso en el funcionamiento de un negocio global, no hay una única respuesta correcta.

La alternativa con mayores probabilidades de éxito es sustituir la estrategia de gestión integral por una de gestión adaptativa, que se centre en la dimensión humana de los negocios internacionales y apueste por el aprovechamiento de su propuesta de valor presente. Para llevar a cabo un plan de este tipo hace falta:

  1. Confiar en las operaciones descentralizadas, funcionando en base a unos principios nucleares, pero adaptados al mercado local.
  2. Emplear las mejores prácticas globales cuando sea posible, poniendo el énfasis necesario en la flexibilidad y garantizando la capacidad de respuesta adecuada para la estandarización global y la eficiencia a escala.
  3. Disfrutar de las ventajas mientras se dan; ya que la velocidad a la que evolucionan estos países hace que en el plazo de pocos años, las ventajas competitivas se agoten.
  4. Mantener el control y la actualización sobre el estado de las economías emergentes, para poder adaptarse a las necesidades específicas de cada región y apoyar el desarrollo de las capacidades y el talento a nivel local.

La mayoría de las organizaciones dan un alto valor a las operaciones integradas, pero en los mercados emergentes el énfasis se debe poner en la flexibilidad y el dinamismo. Es preciso apostar por la descentralización si ello apoyará la generación de un ecosistema donde procesos, personas y tecnologías funcionen de forma más eficiente y adaptativa, ya que de esta manera será posible superar los retos relacionados con los obstáculos geográficos, tecnológicos, políticos y a nivel de infraestructura.

 

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