Flexibilidad cognitiva, una habilidad crucial en la gestión empresarial

En anteriores ocasiones hemos destacado algunas de las habilidades que en los últimos tiempos están ganando peso y consideración en el ámbito de la gestión empresarial. Directivos y gerentes, responsables de compañías y/o departamentos clave se valoran, actualmente, ya no solo por su especialización en las funciones concretas a desempeñar en sus cargos respectivos, sino por un conjunto de habilidades y capacidades que entroncan con la adquisición y gestión de nuevos conocimientos, la motivación de equipos o la adaptabilidad a distintos medios, entornos y situaciones.

Entre estas habilidades, la flexibilidad cognitiva desempeña un papel crucial. Un concepto que a menudo se entiende y aplica de un modo poco riguroso, o incluso erróneo, y que hoy trataremos con cierto detalle para facilitar una mejor comprensión.

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Flexibilidad cognitiva: un concepto clave

Frecuentemente, al hablar de flexibilidad cognitiva se entiende (o se da a entender) que consiste en la habilidad para adquirir nuevos conocimientos a través de la experiencia adquirida, es decir, de aprender de cualesquiera situaciones para aplicar este conocimiento a contextos similares con posterioridad. Y hasta cierto punto así es, pero este sentido eminentemente relacionado con la adquisición de experiencia no agota, en absoluto, el sentido del concepto.

Si solo consistiera en lo anterior, la flexibilidad cognitiva sería una habilidad vetada a los nuevos profesionales que se incorporan al mercado laboral, y estaría directamente relacionada con el bagaje práctico del que se dispusiera. Sin embargo, la flexibilidad cognitiva va mucho más allá, y es perfectamente compatible con profesionales con una escasa o nula práctica profesional (estudiantes que finalizan sus estudios, profesionales que han reorientado sus carreras respectivas…).

Estrictamente, la flexibilidad cognitiva entronca más con la capacidad de abstracción que con la praxis profesional. Es decir, consiste en la habilidad para jugar con conceptos, aprendizajes y conocimientos de diversa índole y aplicarlos a distintas situaciones para hallar respuestas creativas, eficaces y eficientes a los problemas que se plantean.

No cabe duda de las enormes posibilidades que ofrece la flexibilidad cognitiva para la resolución de conflictos, uno de los retos más complejos a los que se enfrentan directivos, gerentes y cargos con cierto grado de responsabilidad corporativa. Y, siguiendo con las aplicaciones prácticas del trabajo con esta habilidad psicológica y cognitiva, también resulta evidente el importante papel que desempeña, por ejemplo, para la motivación de equipos de trabajo (sobre este tema, la guía gratuita Las mejores técnicas de motivación para la gestión de equipos ofrece información amplia y detallada).

Por supuesto, la experiencia seguirá siendo un factor de suma importancia para la perfección de esta habilidad; pero insistimos: no se trata de una condición necesaria, y ni mucho menos suficiente. Muchos de los actuales planes de estudio de los centros y las escuelas de negocio de mayor reputación incluyen materias que permiten entrenar esta capacidad, y enseñan a los alumnos a emplearla adecuadamente, a entenderla como recurso inexcusable en el desempeño de sus responsabilidades directivas futuras. Una habilidad que, como vemos, se suma al resto de capacidades que redundan en una mayor apertura de mente, y que apuesta por la transversalidad de los conocimientos adquiridos como complemento indispensable a la (también necesaria, por supuesto) especialización profesional.

 

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