Internet de las Cosas y los retos de la innovación radical

Evidentemente, la innovación abre las puertas al crecimiento y la expansión. Es condición necesaria para el aprovechamiento de nuevas oportunidades de negocio y sin duda forma parte (o debería) del espectro de prioridades de cualquier organización. Sin embargo, pese a esta condición de necesidad, la innovación por sí misma no siempre garantiza el éxito de un proyecto empresarial; no se trata de una condición suficiente, y menos cuando hablamos de una innovación radical ligada a avances tecnológicos que pueden forzar a una transformación completa de los sistemas de gestión corporativos.

La irrupción de Internet de las Cosas (IdC) en el ámbito de la gestión empresarial puede suponer precisamente eso: la obligación de adaptarse a esta nueva tecnología a todos los niveles y áreas de la organización, para no perder competitividad ni cuotas de mercado.

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El IdC: la innovación radical ineludible

Internet de las Cosas despierta una gran expectación, especialmente en el mundo empresarial. Las ventajas que conllevará la adopción de esta tecnología están siendo consideradas, por casi todos los expertos, como las propias de una nueva revolución industrial. Pero no son solo ventajas lo que traiga consigo el IdC: también habrá que asumir y hacer frente a grandes retos. Y lo más importante, serán retos ineludibles.

La principal diferencia entre innovación incremental e innovación radical o disruptiva es que la primera permite a las organizaciones expandir y ampliar sus oportunidades en mercados existentes, aportando valor a sus operaciones, a los bienes producidos o los servicios ofrecidos, mientras que la segunda supone, como el mismo nombre indica, un cambio radical en el paradigma operativo, la aparición de nuevos mercados y, por supuesto, la posibilidad para las compañías innovadoras de introducirse en ellos.

Hasta aquí, parece obvio que Internet de las Cosas y las oportunidades que genere se adscriben a este segundo grupo de ventajas, las propias de la innovación radical. No obstante, como decíamos, en este caso la oportunidad no se presenta solo como una mera posibilidad, sino más bien como un paso al frente de obligado cumplimiento.

Así es: Internet de las Cosas no será un camino que sea posible esquivar o dejar de transitar. Cuando esta nueva tecnología se haya acomodado en la cotidianidad, permitiendo conectar procesos, actividades, cosas y equipos humanos entre sí en cualquier momento y desde cualquier lugar, reduciendo enormemente los tiempos y los costes invertidos en tareas de gestión y monitorización, las organizaciones que no hayan apostado por el IdC verán enormemente mermadas sus posibilidades de aventajar a la competencia.

Esto se hace especialmente evidente en sectores como el de la logística y el transporte, y adquiere una relevancia sumamente clave en tareas como la planificación de la cadena de suministro. Para entender mejor hasta qué punto el IdC determinará el futuro de la gestión empresarial, recomendamos la guía Tendencias de futuro: Supply Chain 2020, un recurso completamente gratuito en el que, entre otros asuntos de interés, se expone de un modo amplio el papel clave y necesario que desempeñará la innovación radical en los años venideros.

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