A lo largo de las últimas décadas hemos asistido a un importante auge de las economías de países y zonas que, hasta el momento, estaban consideradas como de baja industrialización o en vías de desarrollo. Estas etiquetas, cargadas de connotaciones no siempre convenientes ni respetuosas, han dejado de ser vigentes hoy básicamente por dos motivos: el primero, porque la «industrialización» de países como China, por ejemplo, hace tiempo que ha traspasado el umbral del proceso para establecerse como economía plenamente industrializada; el segundo, porque la etiqueta en «vías de desarrollo» es demasiado general y deviene ineficaz para describir un complejo entramado de procesos y actividades económicas, muchas de las cuales (y siguiendo con el ejemplo chino) superan hoy con creces los que tienen como protagonistas a las tradicionales «economías desarrolladas».

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Una transformación profunda en las cadenas de suministros

No es ningún secreto que las cadenas de suministros están experimentando una importante transformación en los últimos años. Las economías y los mercados que tradicionalmente ejercían un papel de proveedores, hoy adoptan el rol de productores y distribuidores, y al contrario, las economías y los mercados que antes destacaban entre los demás por su productividad, o por ser el foco de abastecimiento de materias primas, el principal punto de partida y llegada al que apuntaban las principales redes de distribución, hoy conviven con mercados que presentan una actividad industrial semejante e incluso superior a la propia.

Estas transformaciones de las cadenas de suministros, que afectan de un modo global a todos los mercados, han requerido una adaptación a la nueva realidad que no se ha producido de un modo simétrico ni paralelo en todos los casos, propiciando que las economías y los mercados con una mayor experiencia en la planificación de las cadenas de suministros mantengan una cierta ventaja frente a las economías emergentes, muchas de las cuales todavía se hallan en pleno proceso de articulación y configuración de sus propias cadenas de suministros vertebrales. Una ventaja que se reduce con el tiempo y no es, ni mucho menos, permanente, planteando con ello uno de los grandes retos que los mercados europeos y norteamericanos principalmente deberán asumir con prontitud, para no verse superados en breve por la imparable maquinaria emergente.

En el último Informe sobre el Comercio Mundial publicado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), correspondiente al ejercicio de 2013, se exponen los factores que determinarán el futuro del comercio a escala mundial. Entre ellos, se laude a los nuevos agentes que se han hecho con un lugar entre los primeros puestos del comercio internacional, con mención especial a las economías asiáticas en proceso acelerado de industrialización (con China y la India a la cabeza). En concreto, se especifican entre otros los factores económicos que principalmente afectan al comercio internacional, entre los cuales destaca la inversión realizada en estos países con economías emergentes en infraestructuras, tecnología y tejido industrial, y que cada vez más apuntan a una mejora de las redes de sus cadenas de suministros internacionales que, en palabras de los responsables de la OMC, en breve podrían «modificar la ventaja comparativa de países que ya cuentan con un comercio internacional importante».

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