La importancia estratégica de los objetivos procedimentales

Hemos hablado en incontables ocasiones de cómo afrontar la planificación estratégica de la organización, de los pasos más importantes a seguir, cómo establecer objetivos y de qué modo seleccionar indicadores oportunos para monitorizar el desempeño de las operaciones clave de la compañía.

No obstante, en lo que concierne al establecimiento de objetivos, pocas veces se otorga a los objetivos de segundo orden la importancia que merecen, pese a ser fundamentales para la consecución de las metas finales. Para hablar de ello, hoy tomaremos prestado un concepto ampliamente utilizado en el mundo educativo: el de objetivos procedimentales, enormemente indicado para entender más y mejor hasta qué punto el correcto establecimiento de objetivos de segundo orden puede redundar sensiblemente en el desarrollo exitoso de la estrategia empresarial.

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Objetivos procedimentales: utilidad y tipos

La principal utilidad de los objetivos procedimentales, como hemos avanzado, es que permiten escalar, modular la consecución de los objetivos estratégicos de primer orden estableciendo distintas etapas para ello, y permitiendo así mejorar notablemente la evaluación de las operaciones que se estimen prioritarias desde un punto de vista estratégico.

Entran pues, en el amplio abanico de los objetivos procedimentales, aquellos hitos que facilitan el logro de las metas propuestas. En otras palabras, representan lo que hay que hacer para que la estrategia empresarial llegue a buen puerto.

Evidentemente, existen distintos tipos de objetivos de procedimiento según su ámbito de aplicación, su naturaleza o la amplitud de su jurisdicción. Por ejemplo, entre otros, se pueden enumerar los siguientes:

  • Generales: son de aplicación general y pueden depender de cualquier objetivo de primer orden. Se puede considerar un objetivo general de procedimiento, por ejemplo, el alcance de un cierto nivel de eficiencia para lograr una reducción efectiva de los costes de ciertos procesos y tareas.

  • De conocimiento: el conocimiento es un valor en auge. Mejorar el conocimiento, por ejemplo, sobre las habilidades y las competencias de los recursos humanos de la compañía es fundamental para aprovechar su potencial.

  • De información y comunicación: son aquellos relacionados con el establecimiento de los mecanismos necesarios para mejorar la comunicación (tanto en un sentido vertical como horizontal) entre los distintos departamentos y áreas de la organización, facilitar el acceso de sus miembros a la información necesaria para mejorar su rendimiento, etc.

  • De gestión: entran aquí aquellas metas necesarias para mejorar las tareas de planificación y gestión de actividades, procesos y operaciones críticas de la organización, especialmente las relacionadas con la cadena de suministro, sobre todo las directamente involucradas en ella.

  • Contextuales: todos aquellos objetivos que dependen del contexto concreto al que se apliquen, es decir, del área, el departamento, el proceso, la actividad o las operaciones a las que se asocien.

Claro está que, a su vez, los objetivos procedimentales no solo aceptan, sino que requieren el establecimiento de los indicadores oportunos que permitan una monitorización minuciosa del desempeño de las actividades y los procesos emprendidos para lograr su consecución. En este sentido, la guía Indicadores para la mejora de la cadena de suministro, un recurso completamente gratuito, puede aportar más luz sobre el asunto y, entre otras cuestiones de interés, facilitar la detección de los indicadores más útiles en cada caso permitiendo descartar aquellos que no aporten valor.

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