La logística ambiental, muchas veces también llamada logística verde, consiste en la implementación de medidas de protección ambiental —fruto de regulaciones legislativas, requerimientos vinculantes (o no vinculantes) y valoraciones relativas a la preservación del medio ambiente— en las actividades y los procesos logísticos que se llevan a cabo entre clientes y proveedores, tanto en el sentido tradicional (eso es, de la compañía de origen al cliente) como en el inverso (en sentido contrario: retorno del cliente a la compañía).

Es de suponer que la logística ambiental tendrá en cuenta aspectos medioambientales en procesos que abarcan desde el consumo de recursos fósiles hasta la gestión de los residuos generados con la actividad, tratando de minimizar en lo posible su impacto sobre el medio ambiente. Y si bien se entiende que cuestiones como la emisión de gases tóxicos, el uso de ciertos tipos de combustible, la optimización de rutas de reparto o el uso de medios de transporte de bajo impacto medioambiental son aspectos clave en cualquier proyecto de logística ambiental que se precie, no lo es menos que la logística inversa, es decir, aquellas actividades y procesos que se llevan a cabo para recuperar y gestionar devoluciones de productos, retorno de servicios o retirada de residuos de manos del cliente reviste una importancia fundamental en proyectos de logística verde.

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Logística ambiental y gestión de residuos

En los últimos años han proliferado las compañías que ofrecen servicios especializados en logística ambiental, y en concreto en gestión de residuos, con el objetivo de descargar de esta responsabilidad a empresas y organizaciones que no disponen de infraestructura propia para llevar a cabo esta tarea pese a poseer una planificación de logística inversa para la gestión de devoluciones y materiales reaprovechables.

Por lo tanto, teniendo en cuenta la importancia de la logística inversa en este asunto, deberíamos diferenciar, en primer lugar, entre los procesos que se desarrollan para satisfacer la demanda del cliente o usuario en lo referente a devoluciones y retornos al punto de origen de productos reaprovechables, en los que desde el punto de vista ambiental solo entran en juego las mismas consideraciones que tendremos en cuenta para proyectos de logística tradicional (emisiones, optimización de combustible y transportes, etc.), y los procesos relacionados con la retirada y la gestión de residuos, con destino a plantas de tratamiento especializadas en reciclaje y procesamiento.

Hecha esta distinción previa, resulta obvio que la gestión de residuos entraña mayores riesgos ambientales que los que podemos detectar en otros procesos de logística inversa, por lo que merecen que les prestemos una atención especial distinguiendo entre los tipos de residuos que habitualmente genera la actividad industrial y comercial, y describiendo el modo correcto de gestionarlos.

Básicamente, existen dos grandes grupos de residuos en función de su peligrosidad para el medio ambiente y la salud de los ecosistemas:

  • Residuos de baja peligrosidad: deshechos férreos, papel, cartón, plásticos, algunos componentes de vehículos, maderas, escombros y deshechos de albañilería y construcción, etc. Estos residuos son los considerados como urbanos y asimilables, y su gestión no reviste grandes complicaciones si se atiende a la normativa que regula el tratamiento correspondiente a cada tipo particular de residuo de esta naturaleza.

  • Residuos peligrosos: pertenecen a este grupo los materiales con un alto nivel de ácidos y alcalinos (pilas, productos de limpieza…), determinados componentes de vehículos, aceites y residuos no peligrosos mezclados con elementos de alta peligrosidad. Su gestión (tanto la manipulación, como su recuperación, almacenamiento y transporte) está regulada mediante normativas de ámbito europeo, y se establecen un conjunto de pautas para su correcto trato y procesamiento. Siendo este tipo de residuos los que más preocupación generan a las autoridades ambientales —como es lógico—, y debido a las especificidades y la variedad de las distintas normas aplicables a cada tipo de residuo considerado peligroso, se recomienda externalizar la gestión acudiendo a los servicios de empresas convenientemente certificadas. Cada comunidad autónoma dispone de listados propios de compañías especializadas en la recogida y la gestión de residuos tóxicos, consultables a través de las respectivas páginas web oficiales o disponibles en otro tipo de formatos a petición de los usuarios.

 

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