Que la actual crisis económica y financiera ha afectado enormemente a las operaciones logísticas nacionales e internacionales no es ningún secreto. Y el hecho que, entre las compañías del sector del transporte internacional, las navieras son unas de las más afectadas por el actual contexto macroeconómico tampoco desvela nada nuevo.

Sin embargo, la manera como estas compañías afrontan los retos planteados por la crisis sí puede ser algo que atraiga nuestra atención, e incluso un síntoma de cambios que, lejos de ser circunstanciales, pueden ser la clave para leer entre líneas un nuevo futuro de estabilidad para el transporte marítimo internacional.

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Un transporte marítimo con futuro, a pesar de la crisis

Para comprender en toda su dimensión y alcance las repercusiones que pueden tener algunas de las medidas por las que optan las navieras para capear la crisis que las azota, es básico que entendamos de qué modo estas nuevas medidas se articulan con la creciente apuesta por el transporte intermodal a escala internacional, con lo cual las compañías de transporte pueden mantener su flexibilidad empleando vías de transporte más versátiles y manejables (como el transporte por carretera), y al mismo tiempo concentrar mercancías en transportes intercontinentales o de larga distancia, reduciendo costes y tiempos en los portes.

Teniendo esto en cuenta, es más sencillo entender por qué algunos expertos vaticinan que, en pocos años, habrá buques disponibles para el transporte marítimo de mercancías con capacidad para 24.000 TEU (1 TEU equivale a 20 pies o 6,1 metros, las medidas de un contenedor normalizado), superando con creces las capacidades actuales, las cuales rondan los 18.000 TEU en los buques hoy más capacitados.

Esto, según los mismos expertos, repercutirá en la flota de las compañías navieras, en muchos casos reduciendo su número total de efectivos, pero ampliando la mismo tiempo su capacidad de transporte, con la obvia reducción de costes que esto conllevaría.

Sin embargo, esta apuesta, en caso de confirmarse como tendencia, supondría tener que afrontar 2 nuevos retos de grandes proporciones:

  • adaptar las infraestructuras portuarias existentes para poder operar con buques de capacidades tan grandes como los que se mencionan, y
  • buscar soluciones para que la oferta de servicios no se vea afectada de un modo negativo (oferta traducida en cantidad y diversidad de rutas, y en frecuencia de servicio).

El primer reto es, sin duda, el de mayor envergadura, ya que implicaría involucrar a un gran número de administraciones públicas y sectores diversos para llevar a cabo las reformas pertinentes, que no solo afectarían a las infraestructuras portuarias sino, también, a diversos aspectos técnicos y de seguridad en navegación que se deberían revisar para adaptarse a las nuevas necesidades.

Lo que parece claro, sea lo que sea lo que el futuro depare al transporte marítimo de mercancías, es que hacen falta nuevas medidas para reducir el fuerte impacto que la crisis ha tenido en el sector, y que además se apliquen con cierta urgencia si se desea dinamizar las importaciones y las exportaciones de mercancías a y desde mercados de ultramar, el contacto más beneficioso con los cuales (en términos de costes y tiempo relativo) sigue siendo el que ofrece el transporte marítimo de mercancías.

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