Los objetivos son lo que dan sentido a una estrategia, su alma máter. El éxito de la empresa y la motivación de sus empleados dependen en gran medida de una adecuada selección y fijación de objetivos.

Deben marcarse desde un buen inicio, a partir de las conclusiones obtenidas de todos los análisis realizados previamente. Esto es, una vez evaluadas las variables del entorno, estudiado el mercado y la competencia, habiendo concluido cuáles son las oportunidades y amenazas externas, y cuáles los puntos fuertes y los puntos débiles de la empresa.

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Este post trata sobre los objetivos necesarios en la estrategia de operaciones, y de su papel como elemento clave para el éxito de la empresa. Si quieres saber mucho más sobre este tema, descarga nuestra guía gratuita Aspectos clave de la Estrategia de Operaciones:

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Los objetivos sirven de guía para formular estrategias, asignar recursos y ejecutar tareas. Son los que permiten evaluar resultados y medir la eficacia o productividad de la empresa, además de contribuir a una mejor organización y control de los procesos. Gracias a ellos, las prioridades quedan claras y, en consecuencia, merman la incertidumbre y generan sinergias.

En relación a los objetivos operacionales en concreto, éstos deben estar enunciados de forma clara y en tono positivo, deben ser cuantificables y medibles. La progresión hacia su cumplimiento debe poder ser medida y controlada para saber en todo momento en qué punto estamos, si vamos en la dirección correcta y cuánto nos queda para llegar a la meta.

Cómo deben ser los objetivos operacionales

Para que los objetivos resulten eficaces, deben cumplir unas determinadas condiciones y reunir una serie de características, deben ser:

  1. Específicos y claramente definidos, sin ambigüedades, para poder ser comunicados sin dar lugar a confusiones o interpretaciones erróneas. Este punto es fundamental ya que toda la empresa debe caminar al unísono en una única dirección.
  2. Medibles y observables, es decir que nos permitan saber hasta qué punto se están cumpliendo y si se producen variaciones o desviaciones en su progreso, y en relación al plan establecido. Nos permitirá tomar decisiones y medidas correctoras.
  3. Alcanzables, en especial porque lo habitual es que haya otras personas involucradas hacia esa consecución de objetivos. Necesitamos el compromiso genuino de todas y cada una de las personas implicadas para poder llegar a ellos.
  4. Realistas, deben poder ser realizados efectivamente, deben entrar dentro de lo factible. Quiere decir que es importante conocer hasta dónde podemos llegar con los recursos disponibles y no ser optimistas en exceso a la hora de marcarnos objetivos.
  5. Desafiantes y ambiciosos, aunque no en exceso. Una cierta dificultad hace que los objetivos resulten útiles, atractivos y motivantes. Debe ser algo que para ser alcanzado suponga un esfuerzo y cuya consecución conlleve como premio una alta satisfacción.
  6. Acotados en el tiempo para sortear la postergación, para no retrasar su cumplimiento in sécula seculórum. Los objetivos deben tener un plazo límite de realización para no caer en la relajación o en la tentación de sólo priorizar lo más urgente por delante de lo importante.
  7. Coherentes, congruentes y alineados con la misión, visión y valores empresariales de la compañía.

En conclusión, la importancia de los objetivos reside en su capacidad para marcar el camino y el horizonte de una empresa, para enfocar el esfuerzo y la motivación de todas las personas que forman parte de la organización.

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