¿Quién asume los costes de las operaciones de logística inversa?

Una pregunta clave, sin duda, y también una de las principales preocupaciones de los operadores logísticos a escala nacional e internacional que, a día de hoy, aún está por resolver de un modo satisfactorio para todas las partes.

No es ningún secreto que las operaciones de logística inversa, además de necesarias (y como el resto de operaciones logísticas), se trate de operaciones de retorno y devoluciones o de operaciones de gestión de residuos, tienen un coste que alguien debe asumir, ¿pero quién?

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Operaciones de logística inversa: retos y posibilidades

Cuando en otras ocasiones hemos abordado la cuestión, nos hemos centrado en los tipos de logística inversa, en su necesidad cada vez mayor y en su papel protagonista en el nuevo contexto comercial propiciado por el auge del e-commerce. En estos casos, siempre hemos destacado la reducción de costes como uno de los objetivos prioritarios en la gestión de este tipo de operaciones, un reto que a diferencia de lo que ocurre con las operaciones logísticas tradicionales, para la logística inversa cobra un significado especialmente clave y relevante.

De un modo prácticamente unívoco, expertos y responsables de operaciones logísticas coinciden en consignar una importancia vital a la logística inversa, pero también en afirmar que actualmente esta representa un coste añadido con un rendimiento prácticamente nulo (cuando no negativo). Es decir, la eficiencia en términos económicos de las operaciones de logística inversa representa uno de los principales retos a afrontar de un modo más urgente.

Sin duda, los servicios de logística inversa aportan valor a los negocios. En recursos como la guía sobre sostenibilidad y gestión del riesgo ambiental (completamente gratuita) se exponen detalladamente las ventajas que aporta una adecuada gestión de la logística inversa para, entre otras cuestiones, mejorar la reputación de la compañía y escalar posiciones en el mercado, aventajando a la competencia y ganando la confianza de los consumidores. Sin embargo, estas ventajas suponen réditos económicos indirectos, a menudo difícilmente controlables y medibles, y no solucionan el problema de los costes que representan este tipo de operaciones.

Los consumidores, lógicamente, no están dispuestos a asumir los costes de servicios como los de devolución, cambio o retorno de los productos que adquieren, unos servicios que perciben cada vez menos como un valor añadido y más como una obligación por parte de las empresas. Algo similar ocurre en las transacciones entre compañías, aunque en este caso todavía es posible llegar a acuerdos en el reparto equitativo de los costes entre cliente y proveedor.

Repercutirlos directamente (total o parcialmente) sobre los costes del producto parece una solución viable, al menos a corto plazo, aunque esta opción presente evidentes inconvenientes (encarecimiento del producto, pérdida de competitividad…). Otra posibilidad es la recuperación de piezas y componentes de materiales obsoletos para su reconversión o reutilización con fines comerciales, aunque sea una opción con evidentes limitaciones e insuficiente para sufragar los costes que globales representan las operaciones de logística inversa.

Sea como sea, los costes de las operaciones de logística inversa (tan necesaria como problemática, como hemos visto) están sobre la mesa, y figuran como un asunto prioritario en las agendas de responsables de la gestión logística de todo tipo de compañías.

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