Relaciones financieras con proveedores: efectos comerciales a pagar

En un mundo globalizado, en el que las cadenas de suministro están cada vez más atomizadas y dispersas, y en el que las relaciones mediadas por los avances tecnológicos adquieren un protagonismo absolutamente inédito y sin precedentes, fraguar una relación sólida y de confianza con los proveedores deviene un asunto tan complejo como de vital importancia para cualquier compañía.

Efectivamente, contar con proveedores que se impliquen y asuman como propias la visión y la misión de la organización, y que suscriban el necesario compromiso con los clientes propios no es sencillo en absoluto. Entre otros asuntos, requiere un recíproco reconocimiento de su papel como agente clave y una atención especial al cumplimiento de las responsabilidades adquiridas por ambas partes.

Solo estableciendo una estrecha relación se pueden hallar soluciones (entre otras, financieras) que permitan operar con un mayor margen de actuación a efectos comerciales, evitando la sujeción que determina el saldo en efectivo disponible en cada momento para responder a las obligaciones de pago contraídas con los proveedores. Y aquí es precisamente donde entran en juego, los efectos comerciales a pagar, sus distintas modalidades y los entresijos de cada una de ellas.

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Proveedores y efectos comerciales a pagar: tipos y condicionantes

Un efecto comercial es un documento de tipo mercantil que permite realizar operaciones de compra-venta o prestación de servicios evitando el pago en efectivo o las transferencias bancarias, normalmente sujetas a comisiones e intereses cada vez más elevados (especialmente cuando se opera entre distintas entidades a escala internacional).

En materia de gestión contable, los efectos comerciales (a pagar o a cobrar) requieren un minucioso registro y seguimiento para que se efectúen los pagos o los cobros en el momento acordado, algo crucial cuando se trata del pago a proveedores para legitimar nuestra posición como clientes y fraguar la relación de confianza que veníamos comentando anteriormente.

Existen 3 tipos de efectos comerciales a pagar:

  • Pagarés: se suelen confundir con los cheques ya que ambos son documentos de pago formalmente bastante similares, aunque presenten importantes y notables diferencias entre sí. La más destacada de estas diferencias es que los pagarés permiten establecer una fecha de cobro (el vencimiento del pago), además de poder estar avalado por terceros en caso de que así sea requerido por la entidad bancaria o el cobrador (en nuestro caso, el proveedor).

  • Cheques: existen distintos tipos de cheques (conformados, personales y bancarios), pero todos ellos comparten el hecho de tratarse de un documento que ordena el pago de una cantidad determinada en nombre de una sociedad, una persona física o jurídica.

  • Letras de cambio: se asemejan a los documentos anteriores por tratarse, también, de órdenes de pago, pero en este caso emitidos por el cobrador (librador), que extiende esta orden para que el pagador (librado) ejecute el pago de la cantidad estipulada en la fecha y las condiciones requeridas.

Toda esta información se encuentra expuesta de un modo amplio y detallado en la guía Las claves del contrato mercantil, un recurso completamente gratuito en el que, además, se identifican los elementos imprescindibles que deben figurar en cualquier contrato mercantil y se exponen los errores que se cometen con mayor frecuencia al entablar relaciones de esta naturaleza.

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