El desarrollo de las nuevas tecnologías y la proliferación de dispositivos de conexión a redes e Internet han transformado enormemente los mercados, estableciendo nuevas prioridades para las empresas y revalorizando activos que se consideraban, hasta cierto punto, en un segundo orden de importancia.

Entre esta revalorización de activos, no cabe duda que la importancia adquirida por los datos (hoy devenidos uno de los principales activos de compañías, organizaciones e instituciones del calado más diverso) ocupa un lugar central. Por ello, no es extraño que la adopción de sistemas gestores de bases de datos cobre un cariz de necesidad cada día más apremiante en el ámbito empresarial, pese a su relativa novedad y a su adscripción originaria a las operaciones propias de corporaciones bancarias y financieras, a instituciones estadísticas y centros de estudios sociológicos, principalmente.

Sistemas gestores de bases de datos

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El Big Data y los sistemas gestores de bases de datos

Big Data, un término que hasta hace escaso tiempo quedaba restringido a un conocimiento y un uso en ámbitos académicos y/o especializados en gestión de datos, es hoy una expresión familiar y conocida por la mayor parte del público, con una incidencia muy especial en el ámbito de los negocios.

Si tenemos en cuenta que, entre los mayores retos a afrontar por cualquier corporación o empresa en un mercado globalizado y fuertemente condicionado por los avances en materia TIC (mayor competencia, mayor proximidad con el cliente, mayor inmediatez…), figuran la mejora de la imagen corporativa, el aventajamiento de la competencia, la consolidación en el mercado, el incremento de la producción, la reducción de costes y el aprovechamiento de las nuevas oportunidades de negocio, no cuesta dar con la clave del asunto: la toma de decisiones trascendentales para el devenir de la actividad empresarial es cada día más compleja y presenta riesgos cada vez mayores, consecuencias más globales y compromete en mayor medida el futuro de la organización.

En un contexto como este, el análisis y la gestión de datos relevantes para la compañía (relativos a clientes, hábitos de compra, situación de la competencia, tiempos y costes de producción…) se convierte en un apoyo imprescindible para minimizar los riesgos en la toma de decisiones, y para que estas consigan aprovechar al máximo las nuevas oportunidades de negocio que se abren en el horizonte corporativo a corto, medio y sobre todo largo plazo.

Un análisis y una gestión que, dadas las inmensas magnitudes de los conjuntos de datos a tratar, no son en absoluto simples ni sencillas. Y un volumen y una variedad (creciente) de los datos que alimentan las bases y los almacenes virtuales de las compañías de cualquier calado, que obligan a adoptar sistemas gestores de bases de datos que no solo redunden en una mayor eficacia y eficiencia en su procesamiento, sino que también aporten informaciones sensibles que se traduzcan, a su vez, en un conocimiento adecuado y constantemente actualizado de la compañía y de su entorno.

En los últimos dos años, el aprovechamiento del Big Data por parte de las empresas españolas (y la consiguiente adopción de sistemas gestores de bases de datos) ha crecido más del 300%, una cifra que en absoluto ha llegado a alcanzar su techo y que, al contrario, se estima que se multiplicará exponencialmente con la inminente llegada de tecnologías como el Internet de las Cosas (IdC), que dejará definitivamente obsoleta la expresión Big Data —se requerirá acuñar nuevos términos para designar volúmenes de datos increíblemente superiores a los actualmente manejados, ya hoy, como decíamos, ingentes. No cabe duda que, paralelamente, asistiremos a una adopción aún si cabe más masiva de sistemas gestores de bases de datos por parte de organizaciones de todo signo y color.

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