Entre los conceptos que están adquiriendo una mayor fuerza a tenor del impulso experimentado en los últimos tiempos por ciertos modelos de gestión empresarial, como la gestión por competencias, el de liderazgo positivo es uno de los que más está dando de qué hablar.

Estrechamente vinculado a la gestión de equipos, el liderazgo positivo es un gran paraguas bajo el cual se despliega un amplio abanico de aptitudes y capacidades que permiten sacar el máximo partido a las competencias de los recursos humanos con los que se cuenta. Es una actitud, un modo de ejercer el liderazgo, claro está; pero es mucho más que eso: ejercer un liderazgo positivo implica conocer con detalle y grado de experto los mecanismos mediante los cuales se articulan cuestiones tan fundamentales como el compromiso de los miembros de una organización con la estrategia corporativa adoptada, la disponibilidad a asumir nuevos retos y el manejo de las propias capacidades, entre otros. En definitiva, se trata de un concepto en íntima relación con la motivación.

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Liderazgo positivo: un modo más eficiente de liderar equipos

La revolución de las tecnologías de la información y la comunicación experimentada en las últimas décadas ha dejado tras de sí un largo rastro de técnicas y modelos de gestión que han quedado superados y obsoletos. Y si bien el nuevo escenario de gestión empresarial, con las TIC como protagonistas, sigue estando necesitado de profesionales capacitados para liderar equipos humanos, la naturaleza de estos equipos ha sufrido tal transformación que ha arrastrado, consigo, a antiguos modelos de liderazgo basados en la subordinación a jerarquías rígidas y disciplinarizadas.

Disciplinarización no es sinónimo de disciplina: mientras esta sigue siendo un valor altamente estimable en cualquier quehacer humano, la disciplinariedad, es decir, la segmentación de operaciones en disciplinas y campos de actividad o conocimiento completamente independientes los unos de los otros ha ido quedando atrás, superada por la necesidad de armar y liderar equipos cada vez más cooperativos e interdisciplinarios.

El paradigma de la gestión ha dejado de estar supeditado a cifras y balances para regirse por las necesidades de conocimiento, es decir, del conjunto de capacidades, habilidades, aptitudes y experiencia del personal de una compañía; valores, todos ellos necesitados de un modelo óptimo de gestión que permita sacarles el máximo partido y aventajar a la competencia en un mercado cada vez más complejo y  especializado.

Una vez más, la motivación y el compromiso de los equipos humanos trasciende lo común para ocupar un puesto entre las prioridades de los nuevos modelos de gestión y liderazgo. Crear un clima de positividad, que estimule la adopción de compromisos y potencie las habilidades y destrezas de los equipos es solo uno de los muchos retos que afronta el liderazgo positivo. Un liderazgo que requiere nuevos perfiles profesionales capaces de lidiar con estos retos, y de utilizar las estrategias de motivación y los modelos de gestión de las emociones más adecuados para convertirlos en firmes aliados para sus propósitos.

Para profundizar en el papel que desempeñan la motivación y la gestión de las emociones en un entorno de liderazgo positivo, recursos como la guía gratuita Las mejores técnicas de motivación para la gestión de equipos pueden ser, sin duda, instrumentos de gran utilidad.

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