Por efecto látigo se entienden los efectos de la relación causal establecida entre un aumento significativo de la demanda y el incremento excesivo de la producción que esta pueda conllevar por una apreciación artificial de la misma.

Por ejemplo, ante un pico en la demanda de un determinado bien o servicio, el distribuidor traslada el pedido al fabricante añadiendo unidades para su provisión de stock; a su turno, el fabricante calca la acción demandado más materia prima a sus proveedores, sucediendo así en cada uno de los eslabones de la cadena de aprovisionamiento, aumentando proporcionalmente a ellos las cantidades solicitadas para reducir costes de transporte y negociar nuevos precios por volumen.

Cuando todo ello retorna a la cadena de producción, el volumen del producto final podría exceder enormemente la demanda inicial (real), con los consiguientes problemas, algunos de ellos graves, que puede conllevar el contar con un excedente de gran magnitud.

El efecto látigo es un viejo conocido para los expertos en supply chain management; no se trata, en absoluto, de un concepto nuevo. Sin embargo, el proceso de globalización de la cadena de suministro, y el distanciamiento espacial entre las distintas áreas clave de la misma han acentuado enormemente tanto el efecto látigo en sí como sus consecuencias, amplificando su repercusión en múltiples aspectos (competitivo, financiero, social…) e incrementando, por ello, la necesidad de adoptar medidas que permitan neutralizarlo en lo posible y minimizar su impacto.

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Cómo minimizar o neutralizar el efecto látigo

Existen numerosas herramientas tecnológicas útiles para minimizar o incluso neutralizar el efecto látigo; sin embargo, antes de elegir las más adecuadas, es preciso adoptar una correcta estrategia en la que se encuadren los instrumentos tecnológicos a emplear con posterioridad. Una estrategia que debe estar enfocada, a grandes rasgos, a:

  • Aumentar el nivel de comunicación y la fluidez de información entre los distintos eslabones de la cadena de suministro, para que las decisiones que se toman en cada área respondan a un mismo criterio. Evitar la uniteralidad en la toma de decisiones es posible si se cuenta con una visión global de la cadena de suministro, para lo cual herramientas como el cuadro de mando devienen imprescindibles.
  • Estabilizar la demanda mediante un control adecuado de los precios de venta al consumidor. Este puede ser un recurso de gran ayuda para productos, servicios o incluso sectores especialmente proclives a sufrir el efecto látigo. Para ello, la fuerza de ventas y la estrategia comercial en su conjunto deben someterse a unos parámetros estrictos que reduzcan su margen de actuación en cuanto a la oferta de promociones, reducción de precios o todo aquello que pueda incrementar la variabilidad de la demanda. Contar, en estos casos, con los indicadores KPI de ventas adecuados que ayuden a cumplir con este fin es fundamental.
  • Reducir el tiempo invertido en operaciones logísticas de abastecimiento y distribución ayudará a reducir el impacto que pueda ejercer el efecto látigo sobre el control y la gestión de inventarios y stocks. Para ello, además de contar con herramientas tecnológicas que permitan monitorizar en tiempo real y de un modo centralizado el estado de almacenes y reservas (de nuevo, el cuadro de mando se perfila como un instrumento más que adecuado), es crucial disponer de un sistema de transporte combinado ágil y versátil que simplifique la gestión de los portes, a la vez que reduzca su tiempo y sus costes. Un sistema como el transporte intermodal, del que ya hemos hablado en anteriores ocasiones y que se expone con sumo detalle en la guía (completamente gratuita) Transporte intermodal: presente y futuro.

 

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