A diferencia del dashboard, o cuadro de mando operativo, el cuadro de mando integral tiene un enfoque estratégico. También conocido como balanced scorecard, este instrumento fue ideado en la década de los 90 por Kaplan y Norton, con el objetivo de apoyar la tarea de convertir la visión estratégica en medidas concretas, que ayudasen a su vez a medir el rendimiento del negocio.

El cuadro de mando integral se puede aplicar a cualquier campo imaginable, de las ventas, al marketing, del aprovisionamiento al transporte; siempre logrando proporcionar una comprensión realista de los procesos y su eficacia.

 

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En su implementación es fundamental la tarea de definición de indicadores, los llamados KPIs (key performance indicators, indicadores clave de gestión). Existen muchos indicadores clave de rendimiento que pueden ayudar a cuantificar y administrar la logística y que, además de contribuir a medir el rendimiento, juegan un papel clave a la hora de realizar estudios de benchmarking y hacer comparaciones con otros actores del mercado.

Los indicadores son el inicio de un cambio necesario, ya que sólo a través de su monitorización se puede alcanzar la comprensión que precede a la transformación y la evolución. Los KPIs pueden significar la diferencia entre un negocio exitoso y otro que no lo es tanto; de la misma forma que el cuadro de mando integral está siempre presente en las organizaciones que saben cómo recuperarse de una interrupción de la cadena de suministro.

 

Cómo debe ser el cuadro de mando integral de la cadena de suministro

El cuadro de mando integral de la cadena de suministro rastrea un número limitado de métricas clave, una cantidad que no ha de ser excesiva, porque se volvería inmanejable, pero que sí debe ser suficiente para aportar la perspectiva necesaria.

Estas métricas deben estar estrechamente alineadas con los objetivos estratégicos del negocio, cubriendo, por lo general, las siguientes áreas:

  1. Financiera: a través de los KPIs se puede alcanzar un conocimiento más profundo acerca de los costes de fabricación, los de transporte o los asociados a la función de almacén.
  2. Cliente: esta dimensión del cuadro de mando integral permitirá a los ejecutivos de la cadena de suministro ganar en visibilidad sobre la tasa de entregas puntuales y de entregas perfectas o el nivel de pedidos atrasados, entre otros.
  3. Negocio: es la perspectiva interna del balanced scorecard que, en el entorno de supply chain facilitará el tomar consciencia de los errores de previsión o el nivel de adherencia a la planificación alcanzado.
  4. Desarrollo: la mejora continua es la única forma posible de avanzar hacia la excelencia y, por eso, las capacitaciones y habilidades, las certificaciones, alianzas y membresías en los diferentes componentes de la cadena de suministro deben ser visibles para los responsables de su gestión estratégica.

 

El enfoque del cuadro de mando integral permite mantener la alineación necesaria entre los objetivos planteados y las medidas propuestas, facilita el seguimiento y logra que, no sólo la cadena de suministro, sino toda la organización, avancen hacia la excelencia. Y, además, también puede utilizarse como marco de trabajo con proveedores de servicios logísticos externos con muy buenos resultados.

 

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